Platero y yo

Advertencia: Este artículo no tiene relación alguna con la obra de Juan Ramón Jimenez.

Para la generación que me precede, traspasar la barrera de los 23 sin tener un prospecto de marido a la vista, era una verdadera calamidad. Ya a los 30, estar soltera se reemplazaba por la frase “estar en la percha”. Y a ninguna mujer le gustaba el apelativo de “emperchada”. La persecusión por convertir al enamorado en novio y luego en marido se daba desde el colegio. Las niñas debían asegurarse tener un enamorado estable que llegue a casa, hasta que su padre vea con horror como el adolescente pervertido toca la inocente y virginal teta de su hija, para hacerlos casar. Así, la niña habrá triunfado, y la fiesta de graduación se fusiona con la de matrimonio.

Por un tiempo yo pensaba igual. El verme soltera a los 28, sin enamorado estable a la vista me traumatizaba. Justo a esa edad, cuando mi piel era lozana y mi cuerpo perfecto, surge en mi vida un hombre hermoso. Pongamosle Platero, tanto por su notable deficiencia intelectual, como por su descomunal tamaño. Sin embargo es una persona muy noble de quien guardo gratos recuerdos. Bien, Platero me gustó desde el primer momento que lo ví. Muy alto, 1,80 sin zapatos, botas de motociclista, cuerpo fornido, pelo en pecho, cara angelical, mirada paradójijcamente ingenua y lasciva. Cuando lo vi por primera vez lo imaginé sobre mí. Seguro él leyó mis pensamientos, y se abalanzó sobre mí. En esa época, yo lucía como yegua argentina, pues entrenaba religiosamente en el gimnasio. Me dió su numero de telefono en un papelito. De forma atrevida y sin dudarlo, lo llamé. Al dia siguiente salimos, nos divertimos mucho conversando de cosas intrascendentes. Él se admiraba con mis palabras, lo que le conversaba sobre mi profesión. Lo veía atónito ante mi vocabulario florido de palabras cuatrisílabas. El decía admirar mi intelecto. Yo admiraba su grandioso bulto. Pero no decía nada. No me insinué nunca, pues le “pelé el ojo” para ocupar la vacante de marido.

Así, salimos de forma inocente por varias semanas. Por un momento, pensé, “no le gusto”. Ni un beso, ni un roce, ni una mirada espiando mi escote. Yo lo miraba extasiada, tan bello, alto, con esa barba que se resiste a la afeitada matutina, como Homero Simpson. Pero como suelo ubicarme en un pedestal, soy incapaz de dar un primer paso. Jamás. Ni ante George Clooney. Asi que este Platero será un manjar que no degustaré, si él no da indicios de gustarle, yo no haré nada. Además, lo quería para marido.

Un día que me fue a ver al trabajo, ocurrió lo que deseaba desde que lo vi por primera vez.  Yo trabajaba en un local de un conocido mall de la ciudad. Ese día que me fue a ver, accedí a tomar unos tragos con él a la salida. Luego de eso, le pedí regresar, pues habian unos simuladores de montaña rusa en el patio de comidas, y la idea de meterme en un cubículo cerrado con él me habia estado rondando toda la tarde. Ahi dentro, grité, me agarré de su grueso muslo, lo toqueteé. Él siguió respetandome. Al salir, más mareada que al principio, casi tropiezo. Platero, caballero al máximo, me sostuvo. Ese primer contacto fue un shock eléctrico. Sus manos rodeando mi cintura me impulsaron a inventar una excusa para regresar al local. Los detalles de lo que pasó después, leanlos en Eroticcas, pues están muy subidos de tono para este minimalista blog.

El sexo fue apoteósico, más nuestro romance no era solo sexo. Tuvimos muchos momentos afectivos, compartiamos en familia, nos divertíamos muchisimo, caminamos Guayaquil de norte a sur y de este a oeste, besandonos de cuando en cuando bajo los torrenciales aguaceros de ese año 2001. Él admiraba mi forma de ser, mi supuesta inteligencia y mi conversación divertida y ocurrente. Yo simplemente estaba extasiada. Tan caballero, limpiaba el piso por el que yo caminaba, se ponia de escudo para evitar que me mojaran en carnaval, me alzaba para que no pisara los charcos de lluvia. Hasta que un día me lo propuso.

– ¿Y si alquilamos un depa para ir comprando las cosas para casarnos?

Esas dos ultimas palabras me retumbaron en los timpanos por todo el resto del dia. “Para casarnos, casarnos, casarnos…”. Casarme con Platero. El tipo al que “le pelé el ojo” desde el primer día. ¡Los baños de rosas resultaron! De primer momento no le contesté nada, no sé qué hice. Empezamos a hacer planes, proyectos, listas… ¡me iba a casar con Platero! No le dije nada a nadie hasta que todo sea concreto y real.

Llegó Semana Santa. Nos fuimos con mi familia a la playa. Justo cuando entrabamos en el mar, mi mamá nos hace señas. Una llamada a mi celular da la terrible noticia de que su padre había fallecido. Él se refugió en mí durante todo el viaje de regreso. Estuve con él y su familia durante los funerales. Le di todo mi apoyo. Luego de ese fin de semana bendito él desapareció del mapa. Y al volver, estaba distinto. Mi olfato no se equivoca. Otra mujer había surgido.

Si hay algo que yo no soporto es la infidelidad. Y la mentira. Platero, por muy bello que fuera, recientemente huerfano, y exquisito amante, no iba a ser la excepción, no le soportaría una traición. Y aunque me quedara en la percha no iba a ser perdonado por mí. Volví a estar soltera nuevamente, prefiero ser soltera que cachuda. Lo dejé, lo boté de mi vida fumando de golpe 10 cigarrillos mientras él intentaba explicarme su desliz. Me pidió perdón llorando en el Malecón. Recuerdo hasta la banca donde estabamos esa tarde que cortamos nuestros planes de matrimonio. El idilio terminó. Y mi dignidad a salvo. Una vez que se fue, lloré. No permití que me vea llorar por él. Lloré y juré no creer en promesas de matrimonio.

Pasó el tiempo. Meses después, él volvió a mi trabajo, esta vez, yo trabajaba en el Policentro. Lo vi por unos espejos. Altivo, guapisimo como siempre, con ese terno nítido e impecable. Hablamos. Me pidió perdón nuevamente por haberme traicionado. Me pidió ser amigos. Con dificultad lo acepté. Pero nunca permití volver a involucrarme con él, por muy bello que luciera vestido o desnudo. Platero ahora es mi amigo. Ha engordado en proporciones jacobitonescas. Pero conserva su mirada inocentemente lasciva. Y mi número de celular. A veces recibo su grave voz saludandome para mi cumpleaños o San Valentin. Lo que él no tiene idea es que yo sería capaz de concederle un “remember” que está a un “ven” de distancia.

© 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments Closed

Comments

  1. Wow… tu historia me conmueve, incluso fui a eroticcas a leer la parte censurada! jajaja… pero, después de los pretendientes que tuviste, nunca pensaste en volver con el?, digo… no todos los dias se presenta el hombre al cual le puedes dar status de marido…

  2. brutal… que ese hp se dedique a hacer peliculas porno gore… con +20cm ese hp puede darle fierro hasta a una ballena y satisfacerla…

  3. Eso de “estar en percha” si que jode. Mis compañeras de clase rondan los 23 años y tooodas están casadas o “arrejuntadas”.

    Y con respecto a platero: si es alto, fuerte y lo tiene de 20 cm, obvio no va a tener una sola mujer.

  4. tres cositas no más

    [dos puntos]

    Una, hasta que vine a dar con el blog de la legendaria Pitonizza… Saludos, su Maja Majestad! XDD

    Dos, y qué opinión merecen aquellos caballeros de entre 28 y 35 que no tienen ni la perspectiva ni la intención ni la pareja para la mentada unión?

    Tres, desde mi yo, hasta por menos se deja ir a los “amores de la vida de uno”, los cuales siempre quedan a un “ven” o “voy” de distancia de un “re-member” XDD

  5. Que buena anecdota!

    No estoy de acuerdo que no lo hayas perdonado. Se perdona y tan amigos como siempre o al menos conocidos como antes de…. Si llega a pasar ese “remember” no estarias jugando al que se pika pierde o al que se engrupe denuevo pierde?! como para hacerlo sentir miserable o humillarlo?! esa no es una manera de desquite?! Esta arrepentido y te pidio perdon alguna veces y al pasar de los años. Una cosa es perdonar para vivir sin rencores y otra es perdonar y sigamos en la misma wa!.

    Nosotros somos diferentes a ustedes las mujeres, esto es un tema extenso de debate. Mi punto es que al ser nosotros los infieles; el 80% de las veces lo hacemos por joda (no involucramos sentimientos solo por vivir el papayaso que nos regala una ex o una loka calzon flojo, no dejar pikadas a las hormonas y darle gusto al sable. En contraste al 20% de las ocasiones en las que o bien buscamos lo que no nos dan en casa justamente porque nuestra pareja ” mantiene la dignidad” o bien porque definitivamente ya queremos terminar la relacion y empezar una nueva. No hablo por todos los hombre pero si te puedo asegurar que lo que digo es cierto en el caso de todos mis conocidos hombres y heterosexuales (amigos, familia, compañeros, enemigos). Esto ha sido el tema de algunas chupas desde 1997.

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