Que vivan los muertos

Quisiera compartir en mi blog este increíble escrito tomado del muro de mi amigo @serrotho.

Hoy celebramos aquí en México y estoy seguro que en muchos otros países, El Día de los Fieles Difuntos. 2 de Noviembre.

Hoy los panteones se ven rebalsados con miles de personas acudiendo a pasar un rato, junto a aquellos seres que otrora vivos, fueron padres, madres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, esposos, esposas, amantes, etc.

En lugares como el lago de Janitzio y la isla de Patzcuaro en Michoacán suceden acontecimientos mágicos, maravillosos, en donde la noche es muy noche y solamente las velas en el agua que representan cada una el alma de una persona, iluminan el lugar.

En otras latitudes los altares de muertos, tumbas o simplemente sentarse a la mesa a tomar una rebanada de Pan de Muerto con Chocolate, para evocar a todos y todas que ya se nos adelantaron en el inefable caminar desde la Ausencia de Muerte, hasta ese sitio de donde venimos y regresamos.

Leyendas, cuentos, historias, novelas, simples relatos o hasta anécdotas nos permiten celebrar y recordar. Hoy simplemente quisiera recordar un texto que escribí ya hace mucho tiempo y que como ya es costumbre en mi persona, me encanta compartirlo:

-“Para comenzar pues me viene a la mente una dialéctica que sostuvimos un viejo profesor de el bachillerato y yo: -“La cebra es un equino negro con franjas en color blanco o se trata de un equino blanco con franjas negras”-. Huelga decir que no teníamos ninguna ocupación o asunto de interés en ese momento, ya que en tres horas de tesis y antítesis, cada quien se retiró de la charla como comenzó: cada quien con su idea.

Es cierto. Al final, como versa ese gastado adagio -“nada es verdad y nada es mentira, todo depende de el cristal con que se mira”-. Los años me han enseñado que ninguna verdad es absoluta y por consiguiente nada es completamente falso, por lo que ahora y aprovechando esta fabulosa oportunidad de verter mi opinión en un medio escrito, procedo a retomar ciertos temas.

Los griegos, los chinos, los egipcios, los pueblos de la América prehispánica y muchas otras sociedades que, al ver saciadas sus necesidades básicas se dedicaron al libre pensamiento, ya hablaban de la dualidad de la existencia: Si y No; Yin y Yang; Huitzilopochtli y Tezcatlipoca; el día y la noche; el negro y el blanco; Zeus y Hades; Odin y Loqui.

Nótese que mencione “A” y “B”, nunca “A” vs “B” o “A” contra “B”. No creo en la lucha de los opuestos. Creo en la comunión de los mismos para la existencia de un todo.

Si. Existe una dualidad que no mencioné: Vida y Muerte. De estas se ha escrito, pensado y dicho mucho. Casi diría que de manera exagerada y en algunos casos rayano en el fanatismo. De esta hermosa dualidad es de lo que precisamente trataré de manera paulatina y cuasi profunda.

Espero que el lector tome esto como un punto de partida, suplicándole solo leer y en entregas posteriores comentar.

En biología, la vida (del latín vita) se define como la estructura molecular capaz de establecer un soporte material de transferencia energética homeostática, cuando es estimulada por el medio en condiciones favorables. (tomado de Wikipedia).

Según las religiones, la vida es resultado de un antojo, capricho, error, plan, designio ó maleficio de uno o varios dioses.

Para algunas corrientes de pensamiento es un fluir de acontecimientos, mientras que para otras es simplemente el dejarse llevar por el “fluido vital” y otros más afirmaban que era una ilusión.

De algo si han estado y estamos seguros aquellos que nos preguntamos por el “qué es la vida”: ESTAMOS VIVOS.

Wikipedia nos dice que -“la muerte es en esencia la extinción del proceso homeostático, por ende el fin de la vida”-, y ahondando aún más menciona que -“La muerte como evento es el suceso obtenido como resultado de la incapacidad orgánica de sostener la homeostasis. Dada la degradación del ADN contenido en los núcleos celulares, la réplica de las células se hace cada vez más costosa.”-.

Las religiones coinciden en general que se trata de la inexistencia de lo material para dar paso a lo espiritual. Una transmutación de el ser (alma) en donde se abandonan los cuerpos y se ingresa a un mundo ultra terrenal en donde seremos inevitablemente juzgados y, de merecerlo, premiados ó castigados eternamente.

Si de algo estamos convencidos y coinciden todas las corrientes del pensamiento humano, es que la muerte significa un súbito cambio, así como también en que todos, sin excepción, habremos de morir.

Esta otra maravillosa dualidad al menos a mi me encanta manejarla, pues se relaciona mucho con la dualidad vida-muerte.

Nos gusta definir a la presencia ó a lo presente como algo o alguien que existe y está en el momento en el que se hace la aseveración. Es lo que existe y que de manera concreta o abstracta podemos afirmar categóricamente que “es” o “está”.

Ausente es pues lo contrario y por lógica se deriva que definimos la Ausencia como algo o alguien que no existe más o no ha existido aún; que no está en el momento en el que se hace la aseveración y que de manera concreta o abstracta podemos afirmar categóricamente que “no es” o “no está”.

Si. Existen una miriada de personajes y personas que han dado por “adentrarse” aún más en el concepto del “ser” y el “no ser”, así como en el “estar” y “no estar”, pero en mi muy particular punto de vista, creo firmemente que no es necesario tanto “onanismo intelectual” para darse cuenta de una realidad: Se es o no se es. Se está o no se está.

En este punto es bueno el empezar a atar cabos. Así pues y regresando a ese dilema de las cebras, esos simpáticos equinos de piel de color “a rayas”, nos gusta o nos es cómodo el afirmar que son de color blanco, pero que por razones de genética y selección natural, adquirieron rayas color negro.

Eso es lo que nos han enseñado o comentado. Así como también que la muerte es una “ausencia de vida.

Aquí es cuando llegamos al meollo del tema.

¿Por qué la risa? Ah !!!! Esa palabreja “meollo”. Es comprensible la risa y más cuando se hacen retruécanos, calambures, metáforas y/o alegorías a la misma. Si existe y está correcto decirla, ya que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, meollo (sust. m.) es el seso o parte medular de algo.

Comencemos con la idea de que la muerte es una ausencia de vida y que de manera análoga, la cebra es un equino blanco con rayado negro. Volcándome en eso que ha hecho que la mente humana se mueva y el conocimiento avance: el escepticismo, ¿Por qué no invertimos un poco las cosas?

¿Qué no será lo mismo si la cebra es de pelaje negro y con rayas blancas?

En este caso en particular más bien pareciera que “el orden de los factores, no altera el producto”, ya que solo estamos hablando de atributos de color y el resultado sería el mismo.

Ahora bien. Nos es “bien sabido” que la muerte es ausencia de vida mas, ¿Qué pasaría si la vida no es otra cosa que la ausencia de muerte?

¿No será acaso que aquello que llamamos muerte no sea otra cosa que el estado basal de todo y de todos, pero debido a lo dinámico, cambiante y poco predecible de nuestro universo esa estabilidad se corrompa y de ahí surja eso que llamamos vida?

Analicemos un poco. Ya es de conocimiento de nosotros los seres humanos, que la vida no es exclusiva de una especie, una región, un conjunto de condiciones fisico químicas y/o un planeta.

Si algo nos ha demostrado el devenir histórico es que no somos únicos, no somos eternos, no somos poseedores de todo el conocimiento universal y no somos el centro de el universo.

Somos una especie más que pertenece a un género más de seres pluricelulares que se han sabido adaptar a los constantes cambios de entorno, sean estos provocados por condiciones agenas ó provocadas por nosotros.

Así pues, al parecer ese “otro” estado que denominamos muerte, no es sino el estado “normal” por excelencia, viviendo nosotros en una excepción típica de cualquier sistema imperfecto.

Imaginemos por un momento que ese estado quuasiperfecto es como un finísimo trozo descomunal de ceda en el que prácticamente no existe “imperfección” alguna. Esta hermosa tela es un entramando que repentinamente sufre una imperfección accidental, siendo el resultado de ésta imperfección, una vida.

¿Que sucede entonces al morir? Simplemente la imperfección termina. Se restaña. Se recupera el entramado y simplemente queda esa “superficie” lista para que, si el azar lo dicta, surja otra vida.”-

Feliz día pues a todos y todas quienes ya no están aquí. Felicidades a todos los difuntos.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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