Reconociendo mi paganismo

Este último año trajo a mi vida una revolución espiritual que sacó de mi ideario al ateísmo que profesaba con orgullo y de forma militante. Fueron diversos los factores que me llevaron a descartar el ateísmo y abrazar la idea de divinidad que siempre estuve buscando y que finalmente llegué a experimentar entre ritos que después descubrí que eran paganos.

Hace varios años escribí un artículo sobre Panteísmo. Justo antes de decidirme por el ateísmo como la definición de espiritualidad que se adaptaba a mi personalidad de ese entonces. En mi anterior artículo declaraba:

…no creo necesario rendir cultos, hacer ritos, o convertir ídolos donde depositar mi fe. Me rindo ante la naturaleza, respetándola y cuidándola como legado para mis hijos, no como en la antigüedad cuando antepasados creían en supersticiones y dioses, donde era común que ante lo inexplicable surja un dios. La belleza de las montañas, la complejidad del cerebro humano, las formas increíbles que toma una gota de agua al exponerse ante música clásica, son muestras de un orden perfecto que algunos le llaman dios. Ante la pequeñez de mis conocimientos, prefiero guardar silencio.

Fue justamente añadir ritos a mi vida lo que le fue dando un norte. Sin consultar a nadie, intuitivamente y junto con mi esposo, hacíamos rituales de todo tipo que nos fueron sirviendo de utilidad práctica, ya que llenaban ese espacio que siempre busqué yendo de tumbo en tumbo y de iglesia en iglesia. Al fin sentía esa apreciación constante hacia lo bello, ignorando lo malo, enfatizando en la belleza y buscando más y más. La magia dio resultados antes de saber que lo que yo estaba haciendo era brujería.

Nadie influyó en mí más que mi propia intuición y el apoyo de mi esposo quien siempre me acompaña al bosque, al contacto diario con la naturaleza que mi cuerpo exige para estar feliz. La práctica constante de esta nueva religión que yo ni siquiera sabía que lo era, me hace feliz. Encontré en la contemplación silente hacia la naturaleza y sus fuerzas las respuestas a mis preguntas. Empecé a encontrar literalmente tiradas en la calle, las evidencias de las respuestas que los dioses le daban a mis ritos. En soledad, sin feligreses como testigos, sin necesidad de un líder que me guíe, ni el refuerzo de grupo necesario en las iglesias pues ahí, las estatuas ahí no responden. Sola y afuera. Afuera, en el bosque, ahí están las respuestas y soluciones.

Por ello tiempo después, cuando alguien me señaló que lo que yo hago pertenece a la reciente religión llamada “wicca” empecé mi estudio.

Soy Pagana

Le rindo pleitesía a la naturaleza. Saludo al sol por las mañanas y me despido de él al atardecer. Todos los días aprecio la vida y la energía divina del sol. Rindo culto a la luna, todos los meses, me sincronizo como mujer a su ritmo de 28 días. Festejo la luna llena.

Creo círculos donde hablo con los dioses y les agradezco todo. Danzo desnuda en el bosque rodeada de los espíritus y elementales que ahí habitan. Reconozco la divinidad en todo lo viviente y lo inorgánico. Hay vibración en todo. Hay un mundo invisible alrededor de todo lo que nos rodea. He visto a los gnomos, a los duendes, a las hadas. No tengo pruebas, pero no las necesito, pues mi religión no busca adeptos.

No tengo iglesias, mis rituales son al pie del mar, en el claro de un bosque, en la cima de una loma. Por lo sagrado que es la naturaleza para mí, lucho por conservarla, activamente y sin cesar. Por lo divino que hay en todo ser vivo, lucho por los derechos de los animales, para mí son seres nobles que no saben de maldad.

No soy bruja de nacimiento, fui criada bajo la religión católica, la cual intenté entender sin nunca lograrlo. Leí toda la bibla y mi conclusión fue rechazar de tajo al dios judeocristiano.

Hago magia. Consulto el oráculo en el fuego para tomar mis decisiones. Para mis brujerías uso hierbas, raíces, flores, resinas, semillas, con las cuales alivio quebrantos de salud, además de sortilegios de los que me sirvo para apoyar mis asuntos diarios. Tengo un jardín mágico y un altar. He volado muy alto, he visto el mundo desde muy arriba.

Mi sangre es de fuego. Mis emociones son de agua. Mi cuerpo es tierra. Mi aliento y pensamiento es de aire. Uso el poder de los cuatro elementos que constituyen las fuerzas naturales.

Mi religión no tiene restricciones, no prohíbe. Solo aconseja. No hay mandamientos ni verdades reveladas. Tampoco líderes ni libros únicos. Yo escribo mi propio Grimorio. La diosa que habita en mí me guía y hace el amor con el dios que habita en mi compañero. El sexo es un sacramento.

Hago lo que quiero sin dañar a nadie. Soy bruja. Soy pagana.

pitonizza bosque bruja

Leleh


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