Un día en Second Life

Siempre desecho que algo se pone de moda. El boom de Second Life no me tocó, hasta el día domingo que vi un documental en televisión que me llevó a crear mi avatar. No explicaré el juego pues sé que todos uds lo conocen. En un afán de hacer mi personaje lo más parecido a mí, le puse toda la estatura posible, y le adelgacé los brazos hasta el punto que se note claramente el humero, el cúbito y el radio. Ponerle mi careta al avatar fue imposible, no fui capaz de reproducir mis rasgos. Una vez conseguido mi objetivo, empecé a practicar como caminar y volar por el salón de bienvenida, donde otros avatares se ponían más fornidos, altos y musculosos.

Al salir de ahí, me encuentro perdida en un bosque. Aproveché la soledad para sacarme toda la ropa, pues la curiosidad malsana de verle los pezones a mi avatar era imperiosa. Tal como sospeché, por default, los avatares tienen tetas de barbie. Sin las rugosidades y matices propias de un pezón humano, investigué que hay formas de darle gran realismo al personaje. Me encontré en Taringa skins gratis, ya con esto pensé que tendría éxito haciendo lo que nunca he hecho en la vida real: topless desvergonzado en la vía pública. Me vestí como nunca lo haría en la vida real: como una prostituta de Boulevard Hollywood. No sé como fui a parar en una especie de parque donde muchos avatares desorientados conversaban. Pronto entablé conversación con un par de muchachos musculosos, el uno dijo ser argentino y otro mexicano. El argentino parecía interesado en conocer más gente en cambio el mexicano compartía conmigo el interés de aprender a besar en Second Life. Tras torpes intentos infructuosos, decidí irme con el argentino a un bar donde conocimos a una despampanante mujer que hablaba español. Ella vestía ropa impresionante, tenía una cara preciosa y unos senos de lujo. Ella me confesó que todo eso lo conseguía en una tienda freebie, donde nos llevó y pude adquirir ropa, zapatos y pelucas.

Con mi piel conseguida en Taringa, pensé pronto hacerle la competencia. Pero me desanimé al percatarme que para subir dicha skin al juego debo pagar 10 linden dolares. Al no contar con dinero, y ante mi negativa de proporcionar mi tarjeta de crédito o buscar “trabajo” en Second Life, regresé a mi First Life donde hacerme un cambio de piel es menos necesario.

Sin juzgar a los residentes de Second Life, considero que la virtualidad que permite el juego saca del subconsciente deseos insatisfechos, frustraciones o fantasías irrealizables. Sin embargo, por muchas vueltas que le dé, estoy segura de que no es mi deseo vestir como libertina y besar al primer tipo que conozco en un parque, pues es algo que jamás haría. A lo mejor este comportamiento no se traduce de forma literal. O muy en mi interior vive una libertina. No puedo asegurarlo.

Este adictivo juego pudo haberme cautivado de haber creado mi cuenta hace un par de años, cuando el dinero crecía en los árboles y el sistema pagaba a los jugadores por entrar. Agradezco no haber creado mi cuenta, pues seguramente ahora tendría una mansión en Second Life cuyo precio hubiera sido talvez mi vida tangible que tan feliz me hace.

© 2010, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. Yo cree una cuenta, ingrese tres veces en compañía de otra amiga, al principio fue divertido, pero sinceramente lo deje de lado. Realmente no le vi sentido al asunto, sin dinero y sin trabajo hasta en la vida virtual es poco lo que se puede hacer.

  2. Hola Muy interesante soy nueva en SL también lo vi en un especial por tv y me ha gustado aunque no quisiera piñarme en jugar todas las horas si quisiera ver a mi AvI linda =) donde puedo ir a esa tienda freebie que te recomendaron =D
    Gracias, saludos Pitoniza.

  3. @Morgan solo entré esa vez… supongo que para dar con la tienda freebie debo entrar, buscar mi recorrido anterior y anotarte las coordenadas. Creo así funciona. Me avisas para hacerlo.

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