Sexo y alimento

Una de las razones por las cuales considero justo pagar más por comer en un restaurante decente, es por el añadido de los otros sentidos al acto de comer. No es solo saciar el apetito en un comedor de esos que mi esposo les llama “almuerzo place”, que sí lo he hecho, sí lo hago, pero admito que disfruto muchísimo más una buena mesa, con música ambiental que permita conversar. Me gusta ver un bonito candelabro mientras degusto mi cena. Es mucho mejor que una vereda en pleno centro de la ciudad, con smog y ruido del tráfico. Lamentablemente, muchas personas sacrifican satisfacer sus otros sentidos, solo buscan aplacar el hambre. Se enorgullecen cuando dicen no pagar piso. Y por ello han desarrollado la habilidad de comer en tarrinas, sin cubiertos, parados, bebiendo jugo de una funda.

¿Y todo esto qué tiene que ver con el sexo? Lo mismo. Muchas personas prefieren “un palo” así sea haciéndolo en un baño insalubre de una discoteca viciada de humo y ruidos inentendibles. El sexo es como la comida. Un placer que gana infinitamente cuando se lo realiza en condiciones que den placer a todos los sentidos. Buena compañía en un ambiente agradable, cálido, íntimo es mucho mejor tanto para una cena, como para el sexo.

Comer en un restaurante de comidas rápidas equivale a un “quickly” antes de ir al trabajo. No nutre, pero sí que es divertido. Hacer un picnic en un parque calmado equivale a hacer el amor al aire libre. He estado a punto… pero es imposible hacer un picnic en Guayaquil sin que vengan los Metropolitanos. Pero ya lo hice clandestinamente en una playa botada. Nos asustamos un poquito, sin embargo, sí que alcanzamos el climax. Comer en un restaurante elegante es como hacer el amor en una tina muy lujosa en un hotel de 5 estrellas. Comer en un kiosko pintoresco en el centro de la ciudad equivale a hacer el amor en un lugar conocido, el dormitorio, o esa bodega que si hablara delataría los juegos sexuales de los que ha sido testigo.

Entregarse a todos indiscriminadamente es degradarse a comer sobras en basureros. Así como “tragar” no es una palabra muy bonita, mucho menos lo es la palabra “culear”. Ahora, “tirar” con cualquier cosa que se mueva es un derecho individual, pues algunas personas no sentirán que están tragando algo por ahí cuando culean con cualquiera. Sin embargo, detesto el hecho de juzgarlo así, pues mis circunstancias han sido otras y mi experiencia es la que habla, no sé si acostarse con todos los hombres que me lo propongan puede que sea la mejor decisión, yo todavía sigo pensando que no, pero no me entrometo a decirles a los demás cómo vivir ni pretendo sentirme superior moralmente a las que les dé la gana de tragar cualquier cosa.

El hambre sexual se parece al hambre de comida. Se lo puede saciar de algunas formas, pero hacerlo de un modo más gourmet incrementa la divinidad de la experiencia.

© 2015, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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