Sin nicho definido

Así, sin nicho definido, divagué a la deriva a mi arribo tardío a las aguas de la Internet. Abrí este blog sin una idea clara en la cabeza, ni siquiera pensé que alguien me iría a leer. Al principio lo llenaba de cosas igual como lo hubiera hecho si dichos escritos se limitarían a reposar en la oscuridad de mi disco duro. Siempre escribí sobre temas de mi interés, temas disgregados, amplios, sin foco, pero siempre de mí interés. La exposión y el alcance que tuvo este sitio en su momento me llevó a alimentarlo más y más. Aquí he “hablado” de todo tema. Pero sin nicho.

Mi esposo llegó a mi vida con un propósito. Llegó decidido a amarme. Y yo a él. ¿Esto que tiene que ver? En el amor está implicita la apreciación, el querer lo mejor para el otro, en buscar su expansión y apoyarse mutuamente a conseguirla. Fue mi esposo quien buscó dentro de mí todos esos temas preferidos por mí hasta hallarles un sentido. Él me enseñó a canalizarlos y explotarlos hasta hallar mi propósito, mi nicho.

Ya con esa idea en mente, desde hace varios años tomé distintos rumbos hasta dar con el que me siento mejor, el que explota lo mejor de mí, mi compulsión, lo que me mueve. Pensamos que iba por el lado de redes sociales, pero no es así, hace rato que le perdí el “gustito” a Twitter y Facebook me parece un lugar de entretenimiento sin foco que diluye cualquier esfuerzo para lograr finalizar los proyectos. Así que abandoné redes e incluso clientes que absorbían mi tiempo en detrimento de la consecución de mis sueños.

Dediqué esfuerzos a páginas dedicadas enteramente a mis intereses: el ateísmo, la vida sana, los gatos. Pero nada de eso era un nicho lo suficientemente cómodo para permanecer en él. El ateísmo desgasta por las malinterpretaciones de creyentes que se alejan de mí pues creen que yo no tolero ni la mención de la palabra “dios”. La vida sana prefiero vivirla, no escribir al respecto. Y los gatos igual, disfruto más de su compañía real que buscar fotos de gatos en Internet para subir en una página de amantes para gatos.

Y de pronto, como un flash, mi esposo y yo nos dimos cuenta luego de una sesión amatoria gloriosa (que está escrita en una página de nuestra vida íntima), que lo que realmente me gusta más en esta vida es el sexo. Y escribir. No solo sobre filosofía y ateísmo, no solo sobre dietas y ejercicios, no solo sobre felinos de todo tipo. Escribir sobre sexo. Porque escribir es un ejercicio de intención. Y escribir me da un placer casi sexual.

Para escribir se utiliza la mente, que es la verdadera zona erógena más sensible y poderosa. Porque cada quien tiene su fantasía secreta que puede explorar con palabras, versos, situaciones contadas en líneas que provocan, insinúan, describen, excitan. Por ello, ahora que escribo novelas eróticas, vivo en constante excitación.

El haber hallado finalmente mi nicho le da un significado a mis esfuerzos, un propósito, un foco. Ya no divago sin brújula escribiendo de todo un poco, que lo seguiré haciendo, esta vez centrándome en lo que realmente me interesa. No desgastaré energía en negatividad o crítica, pues he detectado que justamente esa era mi ancla que me mantenía en la misma posición. La expansión empieza ahora que tengo un nicho desde el cual catapultarme. Ese, mi nicho, es el sexo y todo lo que genera felicidad y plenitud para los seres humanos.


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