Sobre los cuentos infantiles

A todos los bloggers nos sucede que cuando tenemos un suceso inspirador, instintivamente lo volvemos post, y esto es lo que sucedió con la corta pero fascinante conversación que tuve con buenos amigos que me visitaron anoche, quienes vieron mi biblioteca con las ediciones de lujo de cuentos clásicos como Hansel y Gretel, Cenicienta, Caperucita Roja, Blancanieves, entre los más memorables. Con una niña de 4 años, y su imperiosa necesidad de vivir en un mundo de fantasía, dichos libros han desplazado otros como “El Arte de Amar” y “Kamasutra ilustrado” los cuales he tenido que guardar, con el lomo hacia atrás. Dejé de comprar Cosmopolitan para suscribirme a “Crecer Feliz” (dicho sea de paso, nada recomendable, full publicidad, poca información). Retomando, lo de los cuentos, se han puesto a pensar los mensajes que les damos a los niños con estas historias aparentemente inocentes. Analicemos uno a uno…

Hansel y Gretel: bien podría ser un caso para Laura en América, a saber, explotación infantil, negligencia paternal, antropofagia. Argumento: un par de hermanos que son abandonados en el bosque por sus irresponsables padres, pues, dada su pobreza no los pueden mantener. Ellos, con el artilugio de dejar un sendero de piedritas, regresan a casa. Al siguiente día, el padre intenta volver a abandonarlos en el bosque, y esta vez los pelados dejan como sendero, migajas de pan, que al ser comidas por los pájaros, desaparecen, de tal manera que inevitablemente se pierden. En la profundidad del bosque, se encuentran con una casa de chocolate, en la cual vive la viejita caníbal, sí, caníbal, pues usa la casa como señuelo para atraer niños para comérselos, y mientras los engorda, le barren la casa entre otros quehaceres domésticos. Los niños logran escapar lanzando a la vieja a la caldera. Hasta ahí llegan mis recuerdos, talvez porque la historia estaba demasiado aterradora, o talvez sea efecto de la vejez de mis neuronas. No recuerdo que sucedió al final con los niños. Talvez se pintaron de plateado y se fueron a hacer piruetas afuera del Policentro. O talvez convirtieron la casa de chocolate en cabaret y se hicieron el billete. Creo que mi final alternativo es más feliz que el original.

Cenicienta: segregación familiar, machismo, clichés explotados por novelas venezolanas y mexicanas principalmente. Siempre quise evitar contar este machista cuento a mi hija, pero se lo regalaron. Argumento: una hermosa joven doncella es explotada por sus horribles hermanastras. Cuando son invitadas a la fiesta del príncipe donde escogerá esposa, ellas van sin llevar a su hermosa hermana, dejándola cual perol lavando platos toda la noche. El hada madrina de Cenicienta, alcahuetísima, le da para el taxi (o calabaza), le alquila un traje, hasta con zapatos de cristal y toda la cosa. Eso sí, le da un toque de queda (hasta las doce, Cenicienta replica, pero si la fiesta recién se pone buena a las 2 y media). El hada sigue firme en su decisión y con varita mágica en mano arregla a su ahijada, pues, humanamente es imposible estar lista para una fiesta en menos de 2 horas. La pelada queda guapísima. Llega a la fiesta y automáticamente el príncipe le pela el ojo, se la lleva a un rincón, le hace los toques cuando de pronto, el celular, perdón las campanadas que indican las doce hacen que la Cenicienta salga disparada (no sé con qué habrá amenazado la Hada madrina, pues yo siempre llegaba 2 horas después de mi toque de queda). Bueno, la chica sale corriendo, se le sale un zapato, el cual toma el príncipe como único recuerdo de su escurridizo vacile… Al día siguiente, él se dedica a probar el zapato a todas las mujeres (o sea, o le daba igual con tal de que a la chica le quede el zapato, o tendría un fetiche con los pies de las mujeres, o estaba tan grifo que no recuerda la cara de la chica…) hasta que da con la Cenicienta, quien ve como se arregla su vida al dejar de ser perol y convertirse en la esposa de un ilustre desconocido a quien conoció en la fiesta de anoche… La plena que es así, ¿o no? En mi final alternativo, yo de la Cenicienta le doy tremendo cachetadón por no recordar mi rostro. Mejor me llamabas al celular y nos encontrábamos en el parque. Y me quedo soltera…

Caperucita Roja: esta historia es aparentemente inocente… pero, analicemos bien su contenido. Argumento: una niña es enviada por su madre a casa de su abuelita a dejarle la comida, (hubiera sido más responsable por parte de la madre de Caperucita llamar al servicio a domicilio de alguna chifa, pero no, que atraviese nomás el bosque infestado de lobos.) Bien. La niña se encuentra en el camino con el lobo, que no sé porque me suena a violador morboso. Cuando el lobo la ve, intenta seducirla, pero Caperucita no le para bola y sigue su camino. El lobo, ya picado, toma un taxi y llega antes, como anda ya alterado sexualmente, se “come” a la abuelita. Luego, se disfraza de la vieja y se mete en su cama a esperar a la Caperucita, quien al llegar, sabrá Dios en qué estado alucinógeno, no nota que la abuelita es el lobo disfrazado y empieza con sus preguntas webonas: “abuelita, qué ojos tan grandes tienes”, “abuelita, que velluda estás”, “abuelita, que pene tan duro tienes!”… El final de la historia es aburrido, mejor imaginen mi final alternativo.
Blancanieves: recuerdo vívidamente la versión de Chespirito, porque Walt Disney vale churinchurinfunflais. Argumento: una princesa es batraceada por su madrastra, quien está picada por la belleza y juventud de la pelada en cuestión. Ante esto, la madrastra contrata a un sicario colombiano para darle vire, pero, Blancanieves, quién sabe qué hizo para que le perdone la vida (a lo mejor le enseñó las boobies). Ya estando en el bosque (parece que el bosque es más peligroso que las calles del Bronx o que la sexta etapa del Recreo) la pelada busca refugio en una casa más pequeña que las de Mucho lote. Ya dentro, le da por perolear y lava los platos, los 7 pares de medias sucias, los 7 calzoncillos, en fin, se cansó y se quedó ruca. Cuando llegan los dueños de la casa, al ver a la intrusa, se les para… el pensamiento y la reclutan como sirvienta sexual. La madrastra, furiosa al saber que la muchacha seguía viva y llevando una vida de lascivia mucho más agitada que su propia aburrida vida sexual (pues la pobre tiene por compañero solo un espejo), va a buscarla personalmente al bosque, disfrazada de indigente, va a ofrecerle manzanas con burundanga. Como Blancanieves ya estaba high, le chocó la manzanita y se quedó en estado catatónico, como decimos nosotros los intelectuales, o casi muerta, como dice el vulgo. Los enanos al regresar del trabajo, quedan consternados ante el cadáver de su concubina. La velan varios días, hasta que, milagrosamente pasa por ahí un príncipe, quien al verla, la confunde con Narcisa de Jesus, y le da un beso pidiéndole un milagrito. Como sabemos que Blancanieves es ninfómana, al sentir un macho cerca, despierta. Y fueron felices para siempre. Menos los enanos, que tuvieron que conformarse con la madrastra, quien les ofreció sus servicios sexuales, en mi final alternativo.

Ya en serio, considero que los cuentos clásicos están llenos de mensajes subliminales, ideas aterradoras de impartir disciplina, machismo solapado, desviaciones sexuales. No sabemos como funciona exactamente la mente infantil. No sé como esté afectando a mi hija tanta televisión a tan temprana edad, por eso, por muy inocente y estimulante que sea la programación de Discovery Kids, intento racionar las horas que pasa frente al cíclope electrónico. Y, aprovechando que mi hija apenas reconoce las vocales le leo las versiones zanahorias de Hansel y Gretel, y mi versión feminista de La Cenicienta.

Post escrito hace casi 9 meses. Mi hija esta próxima a aprender a leer.

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Comments

  1. Juas juas… pero y si nos ponemos a analizar a “Pitonizza” digo el nombre… como que muchas cosa y cosas muy subliminales estarían por ahí… ¿NO?

  2. la cago la cuestion mi profe hoy nos conto la historia de la caperusita y nos dijo q investigaramos jajajaj la jodio cuand tenga hijos no los dejare leer esos cuentos jajaja

  3. Me encantó tu escrito, tiene demaciado de verdad y lo peor de todo es q yo soy concecuencia de esos estúpidos cuentos que me contaban mi l y una veces a parte de recalcarlos viéndoles en peliculas de disney.

    la neta es que siempre le encontré algo raro a hansel y gretel y a los demás… pero muy inconcientemente estaba absorbiendo un material tóxico para mi desarrollo emocional.

    que más da ya estoy jodida, pero ni loca pienso joderle la mente a mis hijos si es que llego a tener..
    nuevamente…

    un genial escrito..
    cariños!

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