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Esta mañana que fui a dejar a mi hija a la escuela, adormilada y casi sonámbula, me topo con una vecina a la que no veía hace tiempo. Me sorprendí al verla tan envejecida. Pero pensándolo bien, ha pasado mucho tiempo. Mi madre es abuela, mi abuela es bisabuela. Todos estamos envejeciendo. ¿Recién empiezo a notarlo?
Cuenta la leyenda que hace más de 80 años, un italiano apellido Guapetini se embarcó en un buque y arribó a un pueblo enclavado en el corazón de la costa guayasense, inseminando a montón de cholas, creando una prole numerosa, de donde surgió la webmaster que escribe este blog. En otras palabras, [sarcasm] yo no soy chola ciento por ciento, soy “italiana”. [/sarcasm].
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Estoy realmente flaca, empiezo a verme muy fea. Por tal motivo, mi imagen para mostrar actual en el messenger no deja mucho a la imaginación, pues me veo mejor desnuda que vestida. Ayer que tuve que salir a un trámite doméstico y aburrido, no tenía qué ponerme pues todo se me ve mal. Los pantalones nadan en mis caderas huesudas, con blusas de tiras parezco radiografía (mostrando puro hueso). De manera que debo considerar seriamente volver al gimnasio para recuperar mi figura. Solo que casi no tengo tiempo.
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¿Meterías tu mano en un hueco, solo porque se ve lindo y quieres saber qué se siente, sin protegerla con un “guante” y evitar infectarte de cualquier cosa que pueda dañarte?
Bueno, en realidad todo el tiempo estamos solos. Desde que nacemos, y aquel cordón de carne y sangre es desprendido del cuerpo de la madre, somos seres “independientes” y … solos. Pero yo, particularmente, soy una persona dependiente, uno de mis peores defectos es odiar la soledad. Es extraño, porque no me gustan las multitudes, prefiero comer sola y disfruto mucho estar en la computadora… sola. Pero la soledad romántica, esa es la que no resisto. Busco y busco como alma en pena aquel pedazo de naranja arrancado de mi ser, ese hombre que, como siempre digo, se juegue los huevos por mi, ese valiente caballero en armadura que vendrá a sacarme de la soledad de mi cama y me llenará con tibios besos hasta el amanecer. Mientras soy “enamorada”, “novia”, “vacile oficial”, “la dura”, “la mujer”, soy amorosa, tierna, complaciente al máximo, cero celos, posesividades y escenas. Hasta como amante resultaría, porque no me gusta enviar mensajes a celular, mucho menos llamadas sospechosas, dejar marcas de lapiz de labio, y mucho menos los vulgares “chupetes”. Aún así, ellos no han sabido apreciarlo. Cuando termino con alguien o lo que es peor, cuando terminan conmigo, me vuelvo enemiga, arpía, retrechera, artimañosa, desgraciada, hipersecuta, vengativa, llorona, amargada y cruel. Esta vez no quiero ser así de fea.






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