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Archive for autoestima

Venus de Willendorf: mi homenaje

Hace más de veinte mil años, una mujer robusta de pechos amplios, muslos generosos, labios vaginales hinchados y vientre expandido, quizá por los múltiples embarazos que dan cuenta de su fertilidad, fue inmortalizada en una estatuilla que el día de hoy cumple ciento ocho años de haber sido descubierta en Willendorf, baja Austria, a la orilla del Danubio. El culto a la figura femenina en el paleolítico ha evolucionado hasta nuestros días donde la explosión demográfica se ha vuelto un problema. Ya no somos la especie amenazada oculta en cuevas, sin mayores defensas contra los grandes depredadores. Vivimos en cajas de concreto impenetrables, y las mujeres pueden planear cuántos hijos tener, cuándo, incluso se los sacan a voluntad. Hoy se rinde culto a figuras femeninas también exageradas, con glúteos y senos rellenos de implantes, labios deformes y pómulos operados. La mujer sigue siendo un ícono a la sexualidad, pero ya no para servir a la meta de poblar la tierra, sirve a la meta de vender productos.

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En el Umbral de la Vida

En 1990 yo estaba en el umbral de la vida. Creía que podía comérmela entera, que nunca me iba a pasar nada malo, que no iba a envejecer ni a tener que trabajar en cosas aburridas. Mi mayor tecnología era mi grabadora —tuco de grabadora— y mis audífonos esponjosos. Creía en un futuro lleno de gadgets electrónicos como los de los Supersónicos, y yo juraba que los tendría todos. Estaba obsesionada por subir de peso y por eliminar el recio acné de aquellos días. Creía en Dios y en que un día no necesitaríamos gobierno porque entenderemos que el mundo es una casa grande y si todos juramos no hacerle daño a nadie, no necesitaríamos nada, ni fronteras ni militares, ni candados ni alambres de púas. Cada quien se dedicaría a lo suyo y lo comerciarían con acuerdos justos, sin estafar a nadie, sin robar a nadie. Eso era lo que yo creía cuando tenía 17, en 1990.

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Amor en todo

Aunque parezca frase trillada de cancioncilla comercial, el amor es la respuesta a todos los problemas de la humanidad. El amor es un color que tiene infinitos grados, con adicionarle un poquito de compasión obtenemos solidaridad. Con agregarle unas gotas de apreciación conseguimos agradecimiento. En la colaboración encontramos otros matices de amor y soporte, trabajo en equipo por un beneficio en común. Todos estos valores son grados de amor, consideración, generosidad, respeto, apreciación y positivismo, la solución a los males de la humanidad.

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¿Cuarentona yo?

Llegar a los cuarenta es un hito que no a todas les enorgullece alcanzar, por ello utilizan el eufemismo “tengo pasados los 30 años” cuando en conversaciones es sencillo deducir que vivieron su temprana infancia en los tranquilos y nostálgicos setenta. Obviamente tienes más de 30. Tienes 40. Admitir la “cuarentonidad” es saberse ya fuera de onda, pasada de años, acercándose a la temida menopausia que es como un cuco para algunas el solo imaginar que la vida fértil ha terminado y que una nueva etapa empieza. Porque yo lo veo todo como etapas, para mí todo es novedad. Y les voy a contar aquí como me siento siendo una “señorona cuarentona”.

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Mi definición de libertad

Con respeto hacia el entorno y los demás, y estando consciente de las responsabilidades que se generan al ejercer el uso de mi libertad.

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No hables sobre lo que no te gusta

Trata de no pensar en un elefante. Ajá, por eso, no hables sobre lo que no te gusta. El hacerlo solo le da fuerza a esa realidad, la alimenta, la pone por doquier, la hace aparecer por todos lados. Desde que ya no me quejo del regetón ya ni siquiera sé cual es el “éxito del momento”. Igualmente, no tengo que quejarme del fútbol, a nadie le importa que a mí no me gusta. ¿Para qué perder el tiempo pensando en eso?

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Mirar a los ojos

pitonizza ojosMirar a los ojos es asomarse al interior del otro. Admito, no soy dada a mirar a los ojos, siempre tuve esa dificultad. Tenía que llegar a un grado de intimidad muy alto para que yo permitiera que simultáneamente mis ojos se encontraran con los de otra persona. En esas épocas en las que no tenía estabilidad en mi vida sentimental, y me “enamoriscaba” de cualquier romance ocasional, intentaba sumergirme en los ojos de mis amantes y buscar algo a qué aferrarme. Nunca encontré razones para quedarme. Y se volvió un círculo vicioso: no miro para no enamorarme y nadie se enamora de mí porque esquivo la mirada. Escondí mis ojos tras gafas oscuras y evitando mirar a mi interlocutor por años. Hasta ahora.

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Y para qué es que vivimos la vida

Con una de mis gatas, disfrutando de la vida.

Con una de mis gatas, disfrutando de la vida.

Una de las cuestiones que han sido omnipresentes en mi vida ha sido justamente la razón por la cual estamos vivos, o mejor dicho, estamos conscientes de que lo estamos. Es justo sabernos vivos, entes independientes que tienen la oportunidad de relacionarse entre sí, a diferencia de los otros animales de los cuales algunos ni siquiera se reconocen en un espejo. Los humanos somos los únicos -o al menos que yo sepa- que nos vestimos, modificamos nuestra apariencia, buscamos esa aprobación de los demás, reafirmar ciertas preferencias, expresar quienes somos por medio de nuestra imagen. Los seres humanos tenemos muchas maneras de buscarnos la vida, ya sea trabajando o aprovechándose de otro humano. Los trabajos que podemos hacer son tan variados como las culturas, habilidades, descubrimientos, servicios que podemos brindar, cosas que podemos cultivar, crear, confeccionar, inventar. Pero nada de eso aún contesta la pregunta ¿para qué vivimos?

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Aceptación

Por casi toda mi vida, el término “aceptación” me recordaba al conformismo del que siempre he huído. La acción o efecto de aceptar me sonaba a conformarse. Lo sentía como una actitud resignada, que no espera una mejora pues acepta. Qué tan lejos de la verdad estuve… Aceptar es vital para tener una actitud en la vida que sea positiva y no vaya contra la expansión a la que deberíamos todos apuntar. Pero ¿qué es lo que diferencia a una persona que acepta una situación que no puede cambiar de una persona conformista?

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Y tú ¿sabes quién eres?

Cuando te preguntan quién eres, por reflejo dices el conjunto de letras que conforma la definición de tu individualidad. Pero cuanto te preguntan a fondo quién eres, ¿lo puedes contestar con tu nombre? Hay muchas personas que se llaman igual y son diferentes. Un nombre propio no es definición. Cuando un desconocido en un entorno conocido te pregunta “quién eres” tu respuesta no siempre va a ser igual. “Quién eres” se contesta en estos casos con el rol que desempeñas que supones le interesa al que te pregunta. Si te lo preguntan, tu respuesta al “quién soy” va a variar de acuerdo a quien te pregunta. Por ejemplo, si llegas a una recepción de un consultorio medico, a la persona encargada no le dices quien eres según tus “dolencias”. A ella le interesa quien eres según el formulario de pacientes que tiene que llenar. Es lo único que le interesa de ti a cualquier persona “for default“.
En un entorno público como en un parque o un estadio, un edificio estatal o una calle transitada, las personas alrededor son como extras, a veces incluso son como parte del decorado, hay quienes no se percatan de la presencia de otros, y obviamente que no les interesa quienes son. En cambio, cuando estos entornos involucran a otros y las interacciones se vuelven frecuentes o relevantes, intentamos averiguar “quien es” esa persona que llamó mi atención. Y si a esto añadimos las intenciones, habrán algunas personas que se van a interesar en saber quién eres, desde un novio celoso, hasta a la nueva vecina. Cada quien se interesa en quién eres por las intenciones que tenga. Sin embargo, a quien más le debería interesar quien eres es a ti mismo.
“Quién eres” es una pregunta que no se contesta solo con referirte a tu edad, sexo, tendencia sexual, etnia, nivel cultural, estado financiero, aunque muchas veces contestamos quienes somos respondiendo otras preguntas. O contestamos en nombre de colectivos. Otra forma de contestar mal el “quién eres” implica mencionar lo que tienes o lo que haces. También hay situaciones temporales que a veces se funden con el ser, sobretodo condiciones muy relevantes como estar embarazada, enamorada o enferma. Pero esos son estados, no representan tu SER.
Como persona básicamente tenemos 3 acciones: hacer, tener y … adivinaron: ser.
Confundir el “tener” con el “ser” conlleva a frustraciones cuando pierdes tus posesiones, o cuando se te dificulta adquirir más. Dejas de apreciar el presente para añorar algo que no tienes. O te preocupa perder lo que tienes. Caes en las trampas del consumismo y te vuelves una rata en una carrera por tener más cosas o pagar deudas, una carrera que te anula. Separando el tener del ser, pone las cosas en perspectiva dándole la importancia que merece tu SER.
Confundir el “hacer” con el “ser” te limita. Si crees que una persona en el rol que juegas en la sociedad no “hace” algo por ser “indebido” te estás limitando. Si te cohibes en tus gustos y preferencias para encajar con tu entorno o zona de confort, te estás limitando. Si juzgas a una persona por lo que hace aunque esa persona con su acción no afecta directamente tu vida, te estás limitando, porque el prejuicio es un límite mental. Separando el hacer del ser te da nuevo valor, el que tienes como persona, como ese SER individual aunque haga cosas que muchos otros hacen.
Muy importante además resulta entender las circunstancias y separarlas del SER. No somos lo que estamos. Situaciones a veces muy serias como enfermedades desastrosas o accidentes imprevistos nos alejan de quienes somos al ponernos en un estado de depresión o ira. El dominio de esas emociones ya sea por vias personales o con ayuda profesional es indispensable para liberar a tu ser de la carcel de preocupaciones. Las adicciones también son estados que perturban el descubrimiento del ser, y también deben ser reconocidas y controladas.
Otra cosa indispensable para descubrir tu SER es reconocer cuales ideas son originalmente tuyas y cuales han sido indoctrinadas e interiorizadas en tu ideario. Debes mantener tus ideologias siempre separadas de tu ser, que una ideología nunca te dicte que hacer o querer tener. Eso lo debería dictar tu SER.
¿Qué es el “ser” entonces? Tenemos que despojarnos de las máscaras que nos hemos ido poniendo en la vida y reconocer la sensibilidad, la empatía, el reconocernos en los demás. Reconocer nuestras flaquezas para entender nuestros ritmos, y apoyarnos en nuestras fortalezas. Hay que prestarle seria y completa atención al tipo de persona que eres: si eres de exteriores o más de estar en casa, si te gustan las fiestas y la algarabía. Todo lo que te divierte es parte de tu SER. Por eso es importante jugar y convertir a estos juegos en métodos de autoconocimiento.


Cuando sabes quién eres eliges mejor tu profesión, lo cual te dará un empleo que te llene de satisfacciones profesionales. Cuando sabes quién eres, eliges más acertadamente tu pareja, se pueden relacionar de forma muy intima a niveles que no se pueden comparar con las relaciones con cualquier otra persona. Una vida de pareja feliz te llena de plenitud.
Cuando conoces tu SER te vuelves inmune a propagandas, sectas o lavados de cerebro. Quien conoce su SER no se deja inyectar ideas ajenas, pero es suficientemente honesto intelectualmente como para reconocer una idea errada y simplemente cambiarla. No se aferra a ideas caducas para no traicionar la coherencia con lo que ES.
Cuando reconoces tu SER no te dejas abatir por críticas ajenas. No necesitas un tratamiento especial, tú sabes quien eres y no esperas reconocimiento ajeno, porque tú ya te reconociste y con eso te basta. Cuando reconoces tu SER no te dejas nublar por alabanzas o la admiración ajena, pues estas consciente de lo falible de ser humano, y dejarte llevar por adulación ajena te pone en desventaja pues el endiosarte te aleja de tu esencia como SER HUMANO.
La vida es la oportunidad que tenemos para conocernos. Vivir experiencias diferentes, explorar lugares diferentes, nuevas rutas. Mudarse de ciudad, cortarse el pelo como nunca lo habría imaginado. Aceptar los obstáculos como parte del juego. Y esperar esa gran recompensa que es llegar a conocerte y darte la vida que te hace feliz.

La opinión de los demás

Por primera vez en mi vida escribo un post sin primero pensar el título. Porque en mi época de gloria bloggera los artículos llegaban a mí como inspiración divina, sentía como que me dictaba alguien en mi cabeza las palabras. Ahora que casi no tengo tiempo para el blog, con tantas cosas y proyectos de la vida real, no es tan sencillo.

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