Traumas infantiles – matineés

Una de las actividades autoritariamente impuestas por los padres a sus hijos infantes, son las reuniones de cumpleaños, conocidas como matineés. Recuerdo cuando iba -obligada-  a dichos aquelarres infantiles. En primer lugar, no quería entregar el regalo, pues mi mamá cometía el error de llevarme a elegirlo. Una vez superada esa pérdida, era obligada a bailar merengue con otro niño, cuyas manos estaban embarradas de merengue del pastel. Por lo general, los pasos que hacía con dichos niños eran un vaivén izquierda-derecha etc. En un descuido, me sentaba, hasta que la tía Gertrudis, cuyo diámetro de cadera era de siquiera metro y medio, me halaba a la pista -a mi con una mano y a otro niño timorato con la otra-  Bailen, bailen… que viva la santa…

A esas alturas del martirio, espio las sorpresas. Son unas funditas de papel crepé con la imagen de La mujer Maravilla. Al intentar ver su interior, la tia Gertrudis me da un golpetazo dizque cariñoso: “Ay Pitonizzita ha sido malcriada… y ni baila… a ver, ¡baile conmigo!”

Pero eso no es lo peor. De pronto, de la nada, un par de payasos empiezan un espectáculo circense. Me oculto detrás de tía Gertrudis. Hasta que un abuelito se para de su silla y tía Gertrudis se acomoda adelante de todos, arrastrándome consigo.

– Ven Pitonizzita, acá se ven mejor los payasitos.

Yo, aterrorizada de ver un payaso gritón, intento camuflarme. Pero al payaso Lentejita no se le ocurre mejor idea que hacerme participar en el concurso “las sillas locas”. 8 sillas, 8 niños y niñas más pilas, grandes y sabidos… y yo. Tengo suerte, me hacen ganar por consideración de ser “la más chiquita”. Hasta que me quedo a participar con la versión infantil de tia Gertrudis, una niña obesa y sudada. Obviamente, ella gana. Veo como se lleva el premio. Y a mí el payaso me da como premio “un boleto de ida y vuelta al asiento”.

Pasada esa humillación, viene lo peor. La batalla campal por los caramelos de la piñata. Los padres se atrincheran detrás de los niños a la espera de que caigan los dulces. Intento huir, pues me da pánico que ese niño vendado me caiga a palazos. Pero tía Gertrudis me agarra del brazo y me ubica en el ojo del huracán en el momento que caen las chucherías del interior de la piñata. Trato de salir de espantoso barullo, pero me hacen caer. Veo rodar unos biberones miniatura que me fascinan. Pero al tratar de capturar uno, me pisotean las manos. Llorosa, despeinada, golpeada, salgo con las manos vacias.

La hora de cantar el Japiberdei. Tia Gertrudis anima a todos a cantar. Cuando apagan la luz, me pegan chicle en el pelo. Salgo llorando en la foto.

Van a repartir la torta. Para mi desgracia, al igual que toda la música de la fiestita, la torta es solo merengue. La dejo a un lado para que me den mi sorpresa, que para mi sorpresa, tiene de todo tipo de juguetes, excepto los mini-biberones.

Ahora reparten el arroz con pollo. No me gusta sin salsa de tomate. Se lo digo a tia Gertrudis, quien me señala con la mano la dirección de la cocina, donde nadie me para bola. Resignada a comer ese arroz con pollo seco, me topo con huesos, pimientos y nada de pollo. Dejo a un lado esa estafa y trato de llenarme con galletas de animalitos.

Todos los niños se van. A mí, aun no llegan a recogerme de ese suplicio. Empiezan a pasar las javas de cerveza. Tia Gertrudis baila desenfrenadamente. No veo la hora de irme. Finalmente, me vienen a ver, le brindan cerveza a mi papá, yo muero de sueño, tia Gertrudis se ofrece a llevarme a dormir a su dormitorio. Hasta que por fin nos vamos.

Ese día, hace treinta años, juré no hacerle pasar ese calvario a mi hija.

© 2008, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments

  1. jajajaaja q suerte tu hija de tenerte como madre… por q a mi me hicieron pasar por ese calvario millones de veces.. jajajaja y q verguenza en esa epoca era q te obliguen a bailar con una niña y lo peor era q las tias siempre eligen a las mas feitas por q son las q les caen mejor!!!! lo unico q me gustaban de la fiestas infantiles era hacer qdar mal al payaso! jajaja pero odiaba q todo el mundo te toque y te diga q has crecido y q estas grande y la tipica pregunta de los tios “cuantas peladas tienes?” jajajaja me he recagado de risa con este post jajaja muy bueno pito!! exelente post jaja

  2. gracias a dios mi familia no celebraba ningun tippode cumpleaños y yo por suerte no iba a esas fiestas y la unica que recuerdo que fui me enoje por que al romperse esa puta piñata yo cogi el juguete mas bacan para que venga la mama de uno de los mocosos y me lo pida y yo al ver a una persona grande pense que era para tenermelo o algo asi pero no me lo quito para su estupido hijo recuerdo ese dia haber golpeado al muchacho y quitarle el regalo que luego me obligaron a devolver…

    malditos traumas de la niñez

  3. Ja ja ja……y lo peor de todo de esas fiestas es que no dejaban ir con el vestuario que uno queria sino con la mierda de vestidos ellas escogian del tipo floreado, estampado o como sea esa mierda, o tambien no dejaban coger los bocaditos de las mesas porque despues nos enviaban esas miradas de que esta mal o en la casa veras lo que te hago, y muchas cosas mas, que fastidio……..

  4. yo tambien tengo el mismo trauma infantil.. maldición he revivido mi pasado..

    yo al igual que tu, no someteré a mis herederos a semejantes humillaciones. Y cuando cumplan años, reuniré a sus amiguitos, les pondré películas y comerán torta y helado hasta reventar

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