Tres sonrisas y un tabaco

Tuve el irresistible deseo de escribir este post. Encontré una lectura inspiradora. Pero no es de aquello que quiero hablar. Es de la luz que empiezo a ver al final de esta larga noche neolib… perdón, ya me parecí al presi… la luz que veo en mi camino, aquella fe que empieza a germinar en mí.

He guardado mucho odio en mi corazón, y francamente, me cansé de cargar con ese peso sobre
mis hombros. ¡Basta de culpar a otros por mis actuales problemas! ¡Basta de buscar chivos expiatorios! ¡Basta de autoflagelarme, de autocompadecerme! ¡Basta de llorar, de querer matarme cada noche! La mañana promete ser hermosa, el sol brillará, me levantaré, limpiaré mis heridas y saldré… estoy abriéndome paso en la vida, voy a hacerlo, yo puedo salir, trabajar, ser feliz, pues de mi felicidad depende la felicidad de mi hija.

¿Cómo entendí todo esto?

No, no me convertí a ninguna secta, no me hice hermanita, no me secuestró ningún OVNI… Es mucho más simple, todo empezó en mi frenética búsqueda de mi dosis de nicotina:
Anoche le compré mi último cigarrillo nocturno a una paisanita muy anciana, con surcos negros en los ojos, comía en un plato de loza algo indescriptible. Le sonreí, egoístamente porque no había tabacos a kilómetros a la redonda, ella me correspondió. A su lado, una indigente me extendió su mano pidiendo caridad, paradójicamente con una sonrisa desdentada. Le dije, “madre, vengo caminando desde muy lejos porque solo tengo 10 centavos”. Ellas seguían complacidas mientras le pagaba la minúscula moneda. Entretanto encendiendo el cigarrillo me sentí mezquina, al haberme fumado esos únicos diez centavos. Pero comprendí que la indigente y la viejita comían del mismo plato. De una u otra manera las tres salimos beneficiadas, yo con mi vicio, ellas, compartiendo la irrisoria ganancia de la venta del venenoso líder que compré. Entendí las sonrisas de la viejita y la indigente. Espero encontrarlas de nuevo y compartir algo más que 10 centavos que se hacen humo.

Dios nos sonríe de muchas formas. Así entendí que por muy mal que la esté pasando, siempre hay alguien que comparte contigo algo.

Descarto mi odio a la humanidad.
Descarto mi odio a los hombres (hay algunitos tan bellos).
Descarto mi malgenio traducido en impaciencia y explosividad.

Voy a sonreirle al hambre. La época de vacas flacas pasará. Y espero con una sonrisa desde ya la bonanza divina que espera a la vuelta de la esquina…

© 2007, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments Closed

Comments

  1. ¡Qué refrescante este post tuyo!

    Innegablemente que contemplar las diversas caras de las “monedas” uno se da cuenta que no va tan mal como se piensa.

    Me apenan de vos esos sentimientos fatalistas de hacerte daño o de salpicar esas malas cualidades a algunos géneros, pero qué bueno que hayas concluido que la felicidad de tu hija también cuenta.

    No pretendo juzgarte si yo también he pasado por eso. Permíteme felicitarte por haber llegado a tan agradable conclusión.

    ¿O niégame que esas sonrisas desdentadas o aquellas ojeras marcadas son menos sinceras que de las que provienen de bocas hermosas o caras esbeltas?

    Descubrir a Dios a través de aquellas cosas simples de la vida, es lo más precioso.

    Seguimos en contacto peladashh.

    Saludos cordiales

    Carlos Julio

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