Un pelucón en buseta

Con el carro en el taller, Eustaquio pretendía hacerme la visita nocturna de los lunes en taxi. Anticipándome a los hechos, fui a sorprenderlo, todo en complicidad con Graciela, la super asistente de mi novio. Al verme llegar, y con el engreimiento residual que Eustaquio ha acumulado tras nuestro fin de semana juntos, salimos abrazaditos hacia el supuesto taxi amigo que supuestamente nos estaba esperando. Pero no. Yo, como busetera confesa, conduje a mi novio hacia la estación de la Metrovía más cercana, a la terrible hora de las 6 pm, momentos en los cuales los articulados parecen estallar.

Eustaquio jamás había visto un bus de la Metrovía por dentro. Recuerdo hace una década cuando salíamos de la Universidad para tomar la 8 que en ese entonces pasaba por el Malecón Simón Bolívar, donde cada cual tomaba su camino. Diez años han pasado, Eustaquio compró carro y no volvió a usar transporte público. Hasta ayer.

Una vez en la estación de cobro, yo, como toda caballera, le pagué el pasaje a mi apuesto novio. “Está mejor que el metro de NY”. A lo que yo respondo “no sé, nunca he estado en Niuyor”. El articulado, para variar, estaba hasta el tope. Las ventajas de ser flaca es que siempre encuentras donde apoyarte para simular que vas sentada. Al llegar a la estación de destino, y tomar la otra buseta (sí, ¡dos busetas!), vino lo realmente bueno.

“Buenas tardes damita y caballero, gracias a la gentileza del profesional en el volante por permitirme laborar en este hermoso vehículo, permitanme un minuto de su amable educación, no es con el ánimo de molestarlos ni mucho menos importunarlos sino para darles a conocer este nuevo caramelito amentolado que ha salido a la venta, pasaré por sus respectivos asientos para que lo vean, pues el ver y tocar no significa que lo vaya a comprar, demuestreme su educación y cultura, ya lo pueden ir abriendo, y ud se preguntará cuanto le cuesta, cuanto le vale, las 5 unidades por una mínima monedita de 25 centavos. ¡Veinticinco centavos que pueden caersele al subir o bajar de esta unidak

Mi Eustaquio, novel busetero, no tenía idea de cómo va el asunto. Dependiendo lo mal encarado que sea el caramelero, hay que comprarle. Al querer “apoyar” a todos los cantantes y carameleros, mi Eustaquio se llenó de confites y chocolatines que me daba a guardar. En una parada, milagrosamente se pararon dos personas juntas, de manera que ambos tomamos asiento en el mismo puesto. Con lo altos que somos, casi no entramos en el estrecho espacio que queda para poner las piernas. Mientras la música del bus se ponía más horrorosa, Eustaquio cantaba para mí, ante mi horror, todo para “verme enojada pues así me veo más linda“. Viajamos riendo de lo lindo mientras atravesábamos la ciudad hasta llegar a mi aniñadísimo barrio, la ciudadela “La Patria ya es de todos”.

Ahora, filosofemos:

  • No somos menos subiéndonos en buseta, ni más movilizándonos en un AUDI del año.
  • No somos menos comiendo sánduche de chancho en el kiosko de Luis Urdaneta y la que cruza, ni más almorzando en La Canoa.
  • No somos menos ni más por lo que tenemos, ni por el apellido que heredamos, ni por la estatura, color de piel, afiliación política o creencia religiosa. Somos por lo que tenemos en la cabeza y por lo que ofrecemos a los demás.

El sentirse orgulloso por tener un teléfono de 500 dólares y por haber estudiado en colegios aniñados evidencia un tremendo sentimiento de inferioridad. El resentimiento ante quienes usan teléfonos de 500 dólares y que han estudiado en colegios aniñados evidencia un tremendo sentimiento de inferioridad. Trepada en la buseta, no miro con desdén y resentimiento a las casas de vía a Samborondon como pensando “¿por qué ellos y yo no?” Y cuando me traslada mi Eustaquio en su aniñado carro, yo no miro a la gente de las busetas como diciéndoles “lero lero, uds son cholos”, pues soy una simple chola como ellos yo también.

PS: Para quienes gustan de saber detalles de mi vida privada, despaché a Eustaquio a su casa con mi taxi amigo de confianza. ¡Quien quita y se me pierde en la buseta!

© 2009, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

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Comments Closed

Comments

  1. buen post pitonizza. Sinceramente a mi me pasa lo mismo que a tu respectivo. Yo abandoné las busetas desde que compré mi primer carro hace 5 años.

    Sin embargo no siempre se tiene el carro disponible por A o B motivo y toca desplazarse en busetaso. Pero sin duda cuesta bajarse al vuelo, o soportar la bachata batracia por los parlantes del bus, etc..etc..

    Por cierto, lo que dices es verdad en cuanto a que nadie es mas ni menos por el celular que tiene o el barrio donde habita o si anda en carro o buseta.

    Así como muchos imbéciles “cholean” hay otros mas imbéciles que llevan por dentro 2 toneladas de resentimiento social, que se amargan, se ofenden, y odian a rabiar a los que tienen un poco de dinero. No todo pelucón tiene plata porque ha robado. Hay gente honesta y desonesta en todos los estratos sociales.

  2. Aaaaaaaaah, sí ya vi, es que como dijiste “coger la siguiente buseta” pensé que habían cogido un alimentador jaja, ya se me hacía raro un “Buenas tardes damita y caballero” en una metro jeje.

    En fin, yo hace mucho que no viajo en buseta, mmm, la universidad me queda cerca así que voy caminando y para la mayoría de destinos la metro me basta y me sobra, pero viajar en buseta no me acompleja ni nada, ni miedo me da, debo ser el ventiúnico guayaquileño al que nunca le han asaltado. 😀

  3. Estoy bastante de acuerdo contigo, en lo personal yo odio subirme a las busetas pero más por la inseguridad que por complejo… a mi me da igual subirme a una metro/bus/taxi/taxi pirata.. lo que me interesa es llegar, a fin de cuentas, todo está en nuestros cerebros como tu misma lo has dicho!

  4. almorzando en La Canoa.

    Cholo….

    No ya fuera de broma… no se si se han topado con el man que cholea a los que usan buses populares… esos si se pasan

  5. Yo personalmente uso mi carro solo los fines de semana, ya que donde trabajo encontrar parqueadero entre las 8:30 y 9:00 más que una epopeya epica es una utopía.

    Viajar en “busheta” tiene sus pros y sus contras, pero lo que más extraño de la misma son los shows artisticos cada 10 o 5 minutos, ahora viajo en metrovía desde la Via a Daule hasta el centro comercial del la Perla.

    Amigos buseteros disfruten de sus lineas de transporte urbano, porque ya de a poco se viene la troncalizacion total de la metrovía en todo Guayaquil, y los cuentos de las busetas serán historias divertidas para nuestros hijos y nietos.

    Saludos.

  6. Te quedo igualito, parece que grabaste el testamento que lanzan cada vez que suben.

    Por suerte no te topaste con los que recién salen de la Peni y piden colaboración para comprar su “Funda de Caramelos” para ponerse a “trabajar”.

    Lo mejor de la historia es que le hayas pasado chévere con tu parejo.

  7. Bien dicho Pito..la gente que batracea a otros por su condicion social simplemente son huecos de la cabeza por no decirles otra cosa. A mas que la empresa donde trabaje me de semejante telefono de 500 dolares o sea algo super hiper indispensable para trabajar como para tener un activo de esa categoria.. de otra forma a mi me basta un celular que me sirva para comunicarme sin importarme si es del anio uno. En cuanto a lo de los colegios aninados mas lo veo por la falta de identidad de los jovenes actualmente y me refiero a la identidad con el medio y como ser humano unico que tiene cualidades y defectos. Esto hace que se crean mas de lo que son y eso principalmente se debe a que no ven precisamente un ejemplo de humildad desde el mismo seno familiar. Lamentablemente existe mucha gente SOBRADISIMA que a mi me da es mucha pena y lastima unos que si tienen y otros que se creen en cambio.. Ojala y no se estrellen algun dia por esa forma de ser y les toque aprender desde abajo lo que por la mala politica del Ecuador a la mayoria de ciudadanos les toca vivir diariamente como el hecho de montarse en la buseta o metrovia..

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