Una vida más pausada

Un día promedio de una persona promedio empieza a las 5 de la mañana, con el despertador cortando los sueños y gritando que te levantes a tu “realidad”. Debes preparar algo rápido para los niños, les sirves cornflakes con leche de colores, la dulce, porque sino, no comen, y no hay tiempo para discutir con ellos, así que les das lo que ellos te piden, un cereal con la figurilla del superhéroe de moda. Desayunas como puedes, sales a dejar a tus hijos al colegio, niños que deberían estar en sus camas durmiendo, se colocan en medio del tráfico a respirar smog desde muy temprano, se les roba su infancia, se los adoctrina, se los clasifica, se les educa para que aprendan a llenar formularios y ponerse en filas, se los pone unos contra otros a competir, se los discrimina. Pero si no los mandas al colegio, ¿quién los cuida? Tú no tienes tiempo de eso. Mucho menos tienes tiempo de cuestionarte el perderte la infancia de tus hijos por un trabajo rutinario, repetitivo, robótico. Además, si no van a la escuela, ¡luego no podrán conseguir trabajo! Perpetuándolo todo.
esclavo modernoEste trabajo puede ser en en una oficina, una fábrica. En cualquier caso, siendo una pieza más del engranaje, que sigue instrucciones, de 9 a 6, sin aportar nada, no es necesario, sabes lo que tienes que hacer y lo haces. Tú crees que te pagan a ti, pero en realidad tú estás alquilando tu tiempo. El trabajo controla tu tiempo. Tienes 40 minutos, en el mejor de los casos una hora para almorzar. No te daría el tiempo regresar a tu casa y preparar algo. Debes recurrir a los comedores que sirven en el ambiente viciado por una televisión que vomita las noticias de crónica roja, mientras te saturas con arroz con pollo hormonado y aliñado con aji-no-moto. O comes “al vuelo” algo, ni siquiera te sientas a una mesa. Comes parado. O si no, en el incómodo asiento de plástico de un McDonald’s. Regresas al trabajo, tu rutina, sin tiempo para contemplar nada ni hacer una buena digestión. Así, hasta la hora de la salida. Así de enero a diciembre, con breves espacios vacacionales donde las muchedumbres emigran por un par de días a hacinarse. Así desde los 18, 20, 25 años, sea la edad en la que te integraste a esta carrera de ratas, en laberintos corriendo por un pedazo de queso llamado sueldo, para luego entretenerte en una rueda sin fin llamada televisión, que no te lleva a ninguna parte pero que te da la ilusión de que viajaste a muchos lugares. Así hasta que tienes edad de jubilarte y que te releguen, ya cansado, a un hospicio, a un asilo, a mendigar. Ya no produces, ya no vales.

La vida no se supone es así. ¡La vida se supone es divertida!

Pero, ¿por qué tantas personas viven esas vidas agitadas, sin ver nunca un amanecer, o un atardecer? Sin sentir sus cuerpos, sin explorarlos. Uniformándose con otros, no solo desde el colegio, uniformándose con la sociedad. Sin hacer olas. Reprimiendo el pensamiento individual para ganar aceptación o evitar la crítica, porque el que piensa diferente no forma parte de la sociedad moderna, es un inadaptado, marginado social, hippie, loco, excéntrico, estrafalario, antisistema, enfermo sexual, conspiranóico, vulgar orate. Por evitar todos esos calificativos hay quienes prefieren adaptarse al sistema tal cual, sin rebelarse ni un poquito. Las personas entonces se quedan en el closet. Se deshacen de sus ilusiones más acariciadas, las que tenía antes de que lo llamaron loco por tenerlas. Se olvidan de vivir sus verdaderas vidas, viviendo a prisas, sin jugar, creyendo que la adultez prohibe ciertos comportamientos. Viven para trabajar. Trabajan para vivir. Pero ¿qué vida? ¡Eso no es vida!

Eso nos pasó por olvidarnos de ser humanos

La industrialización convirtió agrícolas en obreros. Los agrícolas que quedaron fueron sustituidos por maquinaria. Esa fue, a mi entender, una de las primeras causas de la actual esclavización humana. Las empresas crecieron atropellando a su paso al medio ambiente, a las familias, a los niños. La mujer, antes dedicada al hogar, en labores especializadas en función de sus capacidades naturales, ahora se unió al hombre al trabajo en la industria o en la oficina. Lo irónico es que la llamada “liberación femenina” consiguió rebajar a la mujer, de reina de su casa, AMA de su hogar*, a esclava en una fábrica, o en una oficina. Sin embargo, esto no le eximió a la mujer a dejar las labores domésticas. Ella misma se puso un grillete. La familia se iba desintegrando. Los niños quedaron a merced de la televisión. Alimentados con golosinas que ven en esa televisión, cuyo principal propósito es convertir a los niños en consumidores. Perdiéndose los valores humanos, a merced de una televisión machista, que hace apología a la promiscuidad y gratificación inmediata de los placeres humanos más básicos: comer y copular. De ahí que tenemos una sociedad mal nutrida, obesa y sexualmente disfuncional.

Sistema humano vs. Sistema material-monetario

La humanización de la economía es uno de los pasos fundamentales, ineludibles, para la evolución de la humanidad. Es urgente que dejemos de alimentar a las grandes corporaciones, utilizando responsablemente nuestros recursos, volvernos autosustentables e independientes del gobierno o las grandes empresas. Preferir los pagos en metálico a la tarjeta de plástico, evitar en general el uso de crédito hipotecario y otras formas de regalarle nuestro trasero a los bancos. El ahorro individual (en alcancía), en cooperativas locales y utilizar el trueque como moneda de cambio dentro de lo posible. Usar los sistemas de bancos como última opción y siempre buscando inteligentemente la opción menos intrusiva y costosa.solucion en tus manos
Volcarse a las energías alternativas para no depender de la empresa eléctrica. Preferir la bicicleta al auto. El bus al auto. Comprar directamente a artesanos, agricultores y pequeños comerciantes. Cultivar en casa los alimentos para la familia.
Sí, todo lo que menciono se opone diametralmente a la vida “moderna”. Sin embargo, es posible, ya basta de quejarnos del gobierno o de las economías colapsadas. Hay que crear un nuevo sistema basado en lo humano, no en lo material. El preferir el estilo de vida ajetreado es lo que mantiene a la humanidad pastando, comprando en supermercados comidas rápidas que no alimentan, pagando con tarjetas de crédito creando una deuda eterna que surgió de la nada —no le debemos nada a los bancos, nada—, y consumiendo desmesuradamente energías contaminantes. Esa vida rápida es la que aleja a las familias. Enseña de forma engañosa a la juventud que la retribución gratificante es instantánea. El trabajo que no es satisfactorio no dignifica, al contrario, esclaviza, mina el espíritu, afirma el conformismo. Trabajar por el dinero solo llena los bolsillos. Y no hay dinero que pague la vida que se te está robando un trabajo aburridor.

Si no trabajo, ¿de dónde saco el dinero?

Si en vez de buscar encajar en este sistema deshumanizante, desde pequeños incentivamos a los niños a cultivar sus intereses y habilidades, ellos aprenderán una profesión, vivirán de su pasión. No tendrán que trabajar para vivir. Tú también puedes lograrlo, si identificas tu pasión y la sigues, dejando de alquilarte por saborear tus minutos y vivirlos a tu gusto, consiguiendo como recompensa una retribución al valor que agregas a lo que haces, lo que significa dinero, sustentabilidad, desarrollo basado en la felicidad. Expansión. Prosperidad.

relax

Cambiemos, está en nuestras manos. Salgamos del error que se ha creído como cierto: que la vida es para trabajar, ser empleado (como un objeto) o sirviente (que le sirve a alguien, como una cosa). Eso no es cierto. No naciste para que nadie te emplee, ni para ser utilizado. Naciste para servir, que es diferente. Todos servimos para algo. Es vital reconocer para qué sirves, usando el tiempo necesario para conocerte y así identificar tu pasión. Es mentira que no hay tiempo para leer o ejercitarse. Date una pausa en la vida y te darás cuenta donde se está yendo tu dinero, que no es sino, una extensión de tu energía.

Si dejamos de trabajar para esas grandes corporaciones, sus empresas quebrarán sino siguen las nuevas exigencias de la humanidad: energías renovables y no contaminantes, trato justo a sus empleados, que pasan a convertirse en colaboradores. Es el primer paso. El comprar responsablemente en empresas éticas que dan un trato humano a su plantilla de colaboradores y cuyo impacto ambiental es controlado, le estamos dando un mensaje a las demás empresas a rectificar o desaparecer. No hacerlo es perpetuar la miseria, desigualdad y delincuencia, males que proliferan en sistemas basados en lo material y no en lo humano. Una vez que dejemos de ir tan rápido, recuperando nuestros ciclos naturales, la violencia se irá diluyendo, quedarán las sonrisas.

*Aclaración necesaria:

No a todas las mujeres les tiene que gustar ser amas de casa. Si una mujer se lanza al mercado laboral ejerciendo su pasión, es tan válido como la mujer que se dedica exclusivamente a las tareas domésticas.


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