Ahora tengo dos cepillos de dientes, uno en la casa que vivo y otro en casa de Eustaquio, mi novio. Esas noches tormentosas en que es peligroso tomar un taxi o manejar hasta mi casa, me quedo con él, con mi hija, como una especie de familia. Todo esto ha llamado la atención de la abuelita de Eustaquio, quien me llamó para conversar al respecto.
Abuelita: ¿Cómo estás mijita? ¿Qué tal el trabajo? ¿Bastante ocupada como siempre?
Yo: Sí, gracias a Dios estoy atestada de trabajo, el día no me alcanza para nada más, pero eso es bueno, ¿cierto?
Abuelita: Claro hijita, qué bueno que te des cuenta que Dios es quien manda trabajo, y hay que agradecer siempre.
Uso el término “gracias a Dios” de forma muy genérica como suelo decir “gracias a Jebus”, pero dicha broma Simpsonítica no la entendería la agradable abuelita de Eustaquio. Mientras la escuchaba, miraba su departamento del centro de la ciudad, con una vista impresionante del rio Guayas. Me enterneció ver las fotos de familia, ver a Eustaquio chiquito, la típica foto en la playa mostrando las piernitas flacas, la infaltable foto de la graduación. Cuando de pronto, un portaretrato llamó poderosamente mi atención: ¡la foto que nos tomamos el otro día Eustaquio y yo! ¡Estoy incluída en la familia de manera oficial! La señora me sacó de mi sopor:
Abuelita: ¿café o té helado mijita?
Yo: Café por favor.
Inmediatamente recordé que es de pésimo gusto fumar en casa ajena, más aún cuando no hay ceniceros a la vista. Ese café se acompaña con un tabaco… pero el tabaco es innombrable en la casa de la madre del padre de Eustaquio, quien falleciera de enfisema al puro estilo febrescorderista.
Miles de ideas surcaban mi cabeza. Comencé a analizar más la decoración, pues estos detalles hablan mucho de las personas. En un lugar protagónico de la casa había una biblia abierta, una especie de altar que era usado seguramente para oraciones, novenas y rosarios. Entendí que la señora es tan católica como mi madre, a quien tampoco le hace mucha gracia que viva en pecado con mi novio. En una biblioteca habían muchos libros de cocina, que seguramente empujaron a Eustaquio a aprender las artes culinarias de las cuales yo carezco. Más allá, flores frescas recién cortadas, al fondo un acuario con peces anaranjados. Me pregunto cuánto se tardará en limpiar una casa tan grande, con muebles tan rococó. Y más que eso, qué hará la señora en una casa tan grande para no aburrirse. La señora volvió y me enseñó unos álbumes de fotos del matrimonio eclesiástico de su hijo con la mamá de Eustaquio. La típica foto de la corte de niños, una dama de amor con peinado de Mi Bella Genio. La foto de la pareja en el altar sellando su unión con la bendición de Dios.
Abuelita: te enseño esto mijita pues sé que estás viviendo en pecado con Eustaquito. Eso no se ve bien mijita, ya los dos están en edad de casarse. Mi hijo se casó a los 25 años, Eustaquito ya tiene 35, es hora de que formalicen y se casen por la iglesia.
Yo con la alarma antimatrimonio encendida: Sí señora, claro, pero Eustaquio y yo esperamos cumplir al menos un año.
Abuelita: mijita, quiero tener bisnietos. Tengo 80 años, espero que Dios no me recoja antes de tener la dicha de un pequeño bisnieto, un doble nieto.
¿Qué le podría yo decir? Eustaquio y yo ya decidimos no tener hijitos, yo ya estoy veterana para regresar a los pañales y la lactancia. ¡Tengo 35!
Abuelita (como leyendo mis pensamientos): gracias a Jesus Bendito Eustaquio no se casó con su anterior novia.
Yo (convertida en oídos)
Abuelita: esa mujer no quería tener hijos, no quería “dañar su figura”, era una chica superficial que se pintaba el pelo y vivía metida en los gimnasios para no engordar. En cambio tú mijita, tan flaquita, no necesitas eso. Ya tienes una hijita y puedes darle un hermanito.
Yo (pensando: prefiero comprarle un perro): Señora, hemos decidido tomar las cosas con calma. No estamos en posibilidades de tener hijitos. Ni de casarnos. No es tiempo.
Abuelita: Los niños vienen con un pan bajo el brazo, especialmente para las parejas casadas.
Yo (totalmente aterrada): Sí señora, ya nos hemos de casar algun día.
Abuelita (feliz, pensando que me había convencido): ¡Qué bueno! Ven mijita, ven para acá.
La señora me llevó a su dormitorio. Un dormitorio de viejita, cada detalle destilaba ternura. Una cenefa de rosas, más fotos antiguas, cofres dorados que imagino guardaban recuerdos invaluables. La señora abre el closet, con una sorprendente agilidad, se sube a un escalón de plástico para tomar una caja que estaba muy alta. Yo, como acto reflejo cada vez que veo a alguien de pequeña estatura intentar alcanzar algo, le ayudé, a lo cual la señora me responde con un ademán de “no soy inútil querida”. Bajó la caja. Era una caja enorme, satinada. Al abrirla, saca un vestido de novia que estaba prolijamente cerrado creo que al vacío.
Yo: ¡no lo abra!
Abuelita: no importa hijita, quiero que lo veas… mi nuera era de tu talla, delgadita. Talvez haya que ponerle un ruedo para que no se te vean los zapatos. Este vestido tiene casi 100 años, aunque tú no lo creas, lo usó mi mamá, que Dios la tenga en su Santa Gloria. Luego lo usé yo, luego mi nuera. A todas nos quedó muy bien… tú eres demasiado alta, pero yo lo arreglo. Pruebatelo, sé que no habrá que hacerle nada al corset.
Yo: Esteee… bueno, estoy sudada además estoy menstruando, me da miedo mancharlo. (Mentí… mis menstruaciones no son como las catarátas del niágara, no suelo manchar nada, pero fue lo primero que cruzó por mi mente. Y tampoco suelo sudar demasiado).
Abuelita: Esta bien mijita. Sientate. Pero escuchame bien, quiero que conserves este vestido. Quédatelo, tu hija podría usarlo algún día.
Tras escuchar hablar no solo de mi matrimonio sino del de mi hija de 6 años, me dejé caer. Me senté en la sillita de la coqueta del dormitorio de la abuelita. Cual sería mi sorpresa cuando de la nada, la señora me coloca el velo. Jamás en mi vida me había probado un velo de novia.
Abuelita: Te ves bellísima… dame esa alegría, cásense.
Me sentí algo manipulada con la dulzura de la abuelita de mi novio. Algo chantajeada por el vestido centenario, juzgada por vivir en pecado con el único nieto sin la bendición de Dios. Salí de ahi corriendo a la oficina de mi novio, quien quedó en convencer a su abuelita que no es pecado que casi estemos viviendo juntos sin casarnos, que el matrimonio puede esperar y que definitivamente no habrá bisnieto.

Me encanta la habilidad manipuladora de esa abuelita, le diré que me de una que otra clase…
mis respetos la abuelita
Mas sabe el diablo por viejo que por diablo, algun dia espero tener los poderes de esa señora.
Par de cobardes! porque le tienen terror al matricidio?
Y peor aun, no se dan cuenta lo lindo que es tener crias?
Dense cuenta de que si se cuidan, llegaran a abuelos, y tambien estaran pidiendo todos los nietos y bisnietos que les puedan dar.
primero el BB, luego el viaje todo pagado con entrada a iron maiden, y ahora te pruebas el velo de novia..
Yaaaaaaaaaaaa!! SE armóooooooo.. jajajaa
Pito, de una vez anda organizando la orgía/despedida de soltero/a unisex que tanto hablamos la otra vez.. jajajaja
Pucta que heavy !!!!
Anti-matrimonio tambien …. Estoy a favor de la libre convivencia entre parejas …. Ya tuve una y me fue muy bien si no era pk detalles ajenos a mi !!! Casarte?? Pos si no quieres no lo hagas y si cuentas con el apoyo de Don Eu pos con mayor razón :) Lo de los bis .. es discutible … eso viene solito , a veces sin darte cuenta jeje
jajajaja el post ha sido uno de los mejores del año hasta ahora, muy tierna la señora jajajaja
veeeesa nota jajajaja eso me huele a matrimonio seguro.
Oye pito ya no te hagas la muy vieja, no sabes que los 30 son los nuevos 20?? animate a tener un hermanito para pitonizzita seria chevereeeeee….
MGAC
Que fuerte, que ella esté decidida a heredarte su reliquia, yo habría salido corriendo en el momento de ver el vestido. Al fin de cuentas: matrimonio y mortaja del cielo baja…
Pitonizza te conteste al post en mi blog con otro post, eres estimulante ;)