Y para qué es que vivimos la vida

Con una de mis gatas, disfrutando de la vida.

Con una de mis gatas, disfrutando de la vida.

Una de las cuestiones que han sido omnipresentes en mi vida ha sido justamente la razón por la cual estamos vivos, o mejor dicho, estamos conscientes de que lo estamos. Es justo sabernos vivos, entes independientes que tienen la oportunidad de relacionarse entre sí, a diferencia de los otros animales de los cuales algunos ni siquiera se reconocen en un espejo. Los humanos somos los únicos -o al menos que yo sepa- que nos vestimos, modificamos nuestra apariencia, buscamos esa aprobación de los demás, reafirmar ciertas preferencias, expresar quienes somos por medio de nuestra imagen. Los seres humanos tenemos muchas maneras de buscarnos la vida, ya sea trabajando o aprovechándose de otro humano. Los trabajos que podemos hacer son tan variados como las culturas, habilidades, descubrimientos, servicios que podemos brindar, cosas que podemos cultivar, crear, confeccionar, inventar. Pero nada de eso aún contesta la pregunta ¿para qué vivimos?

Cada quien debería tener la libertad de hacer lo que le dé la gana, con los límites obvios del derecho a los demás de no ser importunados, y con la firme excepción de no dañar nada, o al menos que el impacto de lo que hagamos sea el mínimo posible. Pero ¿qué es lo que me da la gana hacer? Pues lo que te gusta. Parece sencillo, sin embargo, hay montones de personas insatisfechas con el rumbo que ha tomado sus vidas, a partir de sus propias decisiones. Odian su trabajo, o sus rutinas, están en un matrimonio sin querer estarlo. Otro tanto de personas en cambio, hacen cosas por impresionar a los demás, ya sea por la reafirmación o aceptación en un grupo social, como por mantener las apariencias para obtener ciertos “beneficios” que en ocasiones no valen la pena el costo de hacer lo que la sociedad espera que hagas.

Es por ello primordial para saber qué hacer con nuestra vida, ser libres. La libertad es una moneda en cuya cara está la libre elección y en la otra cara, la responsabilidad y consecuencia de esa elección. Si no se mantiene esto presente, y solo vemos la cara de la libre elección, le damos la espalda a los compromisos o reacciones que se generan con cada decisión que uno toma. Cada elección tiene sus consecuencias incorporadas, algunas veces más inevitables que otras. Teniendo en claro esto ya sabemos que le podemos dedicar la vida a lo que nos da la gana si entendemos la responsabilidad que esto conlleva.

Para poder hacer libres elecciones que nos satisfagan, necesariamente debemos conocernos. Esto parece también, como líneas más arriba, una verdad de perogrullo. Pero es más común de lo que crees. Todos conocemos a esa persona que va de tumbo en tumbo, de trabajo en trabajo, de relación en relación, de hobbie en hobbie. No profundizan porque pronto se aburren, surge otra cosa, descuidamos y cambiamos de decisión.

Sin embargo, dejar las cosas a medias es tan pernicioso como quedarnos haciendo algo que no nos gusta por “el qué dirán”. Hay un punto medio en el cual podemos experimentar muchas cosas. Y ahora es cuando empiezo a encontrar la respuesta a la pregunta constante ¿para qué es que vivimos la vida?

La verdad, no lo sé. Pero todavía me queda un resto de vida para averiguarlo. De momento podría contestar cómo estoy viviendo mi vida:

Vivir muchas experiencias

No podría imaginar el desperdicio de vida que hay en llevar una rutina impuesta por otra persona, usando la ropa que otra persona pensó para ti, y hacerlo todos los días de 9 a 6, en un espacio reducido de 3 x 3, por más de 20 años. Suena pedante, lo admito, yo soy de las personas que prefiere vivir diferentes experiencias, meter la pata, renunciar y volver a empezar, probar todo lo de un menú para luego obsesionarme con una cosa hasta que me cansa y busco otra novedad. Así con todo.

Vivo muchas experiencias y ya he acumulado bastantes, algunas más interesantes que otras. He trabajando haciendo de todo, he pasado hambre y frío, he comido en hoteles muy lujosos, he viajado -poco-, he pasado por todos los estilos, desde el rocker hasta mi actual estilo gitano. He vendido de puerta en puerta, he hecho encuestas, me he disfrazado de payasa. Tengo muchas anécdotas, cuando entre en confianza les cuento más.

Vivir intensamente

Disfruto las sensaciones de estar viva: lo que como lo disfruto con cada molécula de mi lengua; la música que me gusta me pone en trance; el sexo me desenrosca el Kundalini; toda la sensualidad, el disfrute de una copa del vino que elige mi marido, los besos, las caminatas. El delicioso desahogo de los esfínteres. O la fantástica sensación del agua fresca de una ducha cuando el calor nos sancocha. El calorcito rico que deja una gata cuando se levanta. Así con todo lo que me gusta, me gusta hasta la pasión y lo disfruto al máximo. Canto sin importar si canto feo, pero canto.

Vivir pendiente solo de mí

Quienes me conocen dan fe de mi egoísmo galopante, busco constantemente sentirme bien y lo consigo buscando mi comodidad… siempre que no desacomode a nadie. Porque vivir pendiente de mí podría sonar a descortesía pero no. Cuando yo vivo pendiente de mí, estoy siempre segura de que no estoy molestando a nadie. Vivo pendiente de mí cuando busco estar satisfecha y feliz para así poder brindarle eso a los míos. Vivo pendiente de mí cuando estudio mis propias reacciones, analizo mis pataletas, hago retrospectiva sobre mis fracasos para aprender de ellos. Vivo pendiente de mí cuando releo lo que escribo, detecto mis patrones, lidio con mis ansiedades. Es muy importante sentirse bien y no puedes delegar esa responsabilidad a otros, pues ahí es cuando empiezan los problemas, esperando que otros nos complazcan.

Vivir con curiosidad constante

Para entender cómo funcionan las cosas, admirarnos con la inmensidad del cosmos, conocer nuevos artistas, maravillarnos con avances tecnológicos, acercarnos a la naturaleza, inculcar la investigación en nuestros hijos, viajar y adentrarnos en culturas ajenas, revisar la historia y aprender de ella, evitar compartir información falsa alimentando un sano escepticismo. La curiosidad no mató al gato. Además el gato tiene 9 vidas. ¿Por qué dirán esa frase? ¡A investigar! Eso es curiosidad constante y le añade mucha sazón a la vida.

Vivir para dejar una huella

El primer lugar para dejar la huella en en la familia. Los hijos son nuestra herencia al mundo. Por ello, educar a los hijos es obligatorio para el legado que quedará tras nuestra desaparición. Nuestras creaciones también dejan huella. Ya sea que hagas arte, o que brindes un servicio, o que hagas los trabajos de oficina que yo pedantemente rechazo, si lo haces pensando en marcar la diferencia, saliéndote de la zona de confort donde cohabita la desidia y la mediocridad… sí… ahí quedará una agradable huella en la vida de otra persona, así sea algo tan trivial como un trabajo bien hecho.

El reconocer nuestra pequeñez en comparación con el universo, y lo efímero de nuestro paso por nuestra experiencia de vida, entendiendo como finito, un pestañeo, es solo un suspiro. La vida es eso, a vivirla que ni se repite ni hay otra, es corta y si tocas la vida de otra persona y se la cambias para bien, habrá valido la pena.

 


Widget not in any sidebars

© 2016, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

Si gustas, deja una propina para este artículo.

Mis libros

© 2016, Pitonizza Punto Com. Licencia de uso: Atribución-SinDerivadas CC BY-ND

Si gustas, deja una propina para este artículo.

(Visited 105 times, 1 visits today)

(Visited 105 times, 1 visits today)

Facebook comments:


Leave a Reply